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Psicología del futuro: visualice más allá de lo común

/Bancolombia/Categoria Capital Inteligente/Tendencias24-05-2019

Por Sergio Peláez Jaramillo
Director Estrategia de Clientes Empresas y Gobierno
Grupo Bancolombia

Psicologia futuro

Pensar sobre el futuro es un ejercicio que no es necesariamente racional y que por el contrario tiene mucho de visceral

Nuestra relación con el futuro es paradigmática. Muchas veces creemos que las cosas van a seguir siendo como han sido hasta ahora, que lo que nos gusta ahora nos gustará en el futuro. Tenemos una preferencia por preservar el estado actual de las cosas y cualquier desviación del punto actual de referencia es percibido como una pérdida. En otras ocasiones buscamos la gratificación inmediata sacrificando el bienestar futuro. Esto tiene que ver con el funcionamiento de nuestra mente. Detrás de los fenómenos mencionados anteriormente se encuentran apenas tres de muchos de los sesgos cognitivos relacionados: sesgo de proyección, sesgo de status-quo, y descuento hiperbólico del futuro.

Un experimento realizado por el profesor Hal E. Hershfield, de la Universidad de Nueva York, ejemplifica esto. A través de realidad virtual se simuló el proceso de envejecimiento de los participantes recreando una imagen 3D de cómo lucirían a la edad de 68 años. El grupo que fue expuesto en un espejo virtual al “avatar” de su Yo en el futuro, destinó mayor cantidad al ahorro de una cuenta de retiro, que el grupo de control que no tuvo esta exposición. Daniel Gilbert, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, también se ha referido a este fenómeno psicológico conocido como la “ilusión del fin de la historia”, en el que personas de diferentes edades creen que han experimentado cambios personales significativos hasta el presente, pero donde predicen que no tendrán mayores cambios en los años por venir. Pensar sobre el futuro es un ejercicio que no es necesariamente racional y que por el contrario tiene mucho de visceral.

Esto tiene grandes implicaciones en el mundo organizacional. ¿Cómo es posible, que seres humanos que tienen una inhabilidad para proyectar en el futuro decisiones relativamente simples, como, por ejemplo, ahorrar o comer bien, puedan ser capaces de visualizar el futuro de una organización varios años hacia adelante?

El propósito del presente artículo es ayudar a disminuir la distancia psicológica que tenemos con el futuro.

Clave 1 - ¿Qué está priorizando la sociedad?

Jhon Naisbitt, estudioso del futuro, quien publicó en 1982 Megatendencias: 10 Nuevas Direcciones Transformando Nuestras Vidas, utilizó un método muy particular durante 10 años. Su método consistía en tomar una regla y medir el número de centímetros que una columna de periódico le dedicaba a un tema. Entre más longitud, un tema ganaba espacio en el tiempo, más probabilidad de representar una tendencia en el futuro. Se dice que de esta forma predijo tendencias como la sociedad de la información, globalidad, descentralización y el surgimiento de las redes. En la actualidad no se requiere una regla para hacer esto. Herramientas analíticas como Google trends permiten medir el número de menciones de una palabra en las búsquedas de Google. Igualmente, Google’s n-Gram permite medir desde el año 1.800, el número de menciones que una palabra tiene en publicaciones académicas.

Este método abre la pregunta de hasta qué punto el futuro está determinado por aquello a lo que las personas le dan importancia en la actualidad. Friedrich Nietzsche, filósofo alemán, decía que nuestra percepción de futuros posibles tiene una influencia en nuestra realidad. Por ejemplo, si las personas hoy en día hablan sobre la importancia de la robótica en el futuro, muchas empresas estarán invirtiendo y aprendiendo sobre este tema, dando origen a una industria completa que tiene el estímulo de desarrollar y masificar estas tecnologías. La expectativa se termina volviendo realidad. En las ciencias del comportamiento esto se conoce como profecías auto-cumplidas.

Clave 2 - Hay que “visitar” el futuro

Si uno hubiera sido un ingeniero en el siglo XIX, la mejor forma de ver lo que venía en el futuro hubiera sido visitar Londres en el apogeo de la Revolución Industrial. En la Gran Exposición de 1851, asistieron 6 millones de personas de todo el mundo, el equivalente a la población de Inglaterra en ese entonces. En esta feria se exhibieron 13.000 objetos, muchos de los cuales hoy encontramos habituales, como por ejemplo: el precursor del fax, el primer proceso fotográfico, o los primeros baños públicos.

Hoy nos parece normal hablar por video en Skype. Sin embargo, quien se imaginaría que fue en la exposición universal de Nueva York en 1964, donde la compañía Bell realizó la primera llamada transcontinental de video bajo una tecnología denominada Picturephone. Una mirada histórica a las ferias parece sugerir estos espacios como una buena forma de vislumbrar el futuro. Estos espacios también nos permiten lo que se comentaba anteriormente, de darnos cuenta sobre lo que está priorizando la sociedad.

Para recortar la distancia con el futuro hace falta tener una imagen vivida que no se obtiene en los libros ni a distancia. Este es tal vez el punto más importante de esta sección, la visualización del futuro requiere la creación de un contexto que, así como el avatar virtual de 68 años, active un modelo mental de interrogación y apertura. Las ferias son una de tantas formas de crear este contexto donde los sentidos y el intercambio social nos permiten vencer “la ilusión del fin de la historia”.

Clave 3 - Pensamiento Paradigmático: más allá de las Megas y los análisis DOFA

Las planeaciones estratégicas son ejercicios llenos de sesgos cognitivos que influyen en las decisiones que se toman. Por ejemplo, le damos una importancia exagerada a la información más disponible (sesgo de disponibilidad), basando decisiones en tecnologías de moda o en ejemplos empresariales famosos. También podemos terminar aceptando las opiniones de otros sin cuestionarlas, o seguir la estrategia que le ha funcionado a otros (efecto manada). Más bien, necesitamos hacernos preguntas o análisis que nos permitan encontrar nuevos paradigmas, que nos ayuden a ver lo que no es tan evidente. Un artículo publicado llamado How to Spot the Future, publicado por la revista Wired Magazine, plantea unas recomendaciones interesantes que pueden ayudar a no dejarnos llevar por la corriente:

  • Prestar atención a los Exponenciales: Los exponenciales están en todas partes. Uno de los más famosos es la Ley de Moore, atribuida a Gordon Moore, quien en 1965 pronosticó con exactitud que los chips de los computadores serían exponencialmente más baratos, rápidos y pequeños. Este hecho ha revolucionado la economía y la sociedad en su totalidad. Algo similar está sucediendo con la energía renovable. En los últimos 5 años, el costo de la energía fotovoltaica ha caído 80%, causando disrupción en la forma como se produce y consume energía. Otros cambios exponenciales que prometen una revolución en los próximos años, se darán en áreas como la biotecnología, la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología y la neurociencia.
  • Buscar donde existe polinización cruzada: Cada vez que se juntan varias disciplinas surge algo diferente que genera disrupción. Una prueba de esto es la fusión entre la tecnología y otras industrias, dando como resultado algún nuevo: Biotech, Fintech, Proptech, Legaltech, Insurtech, etc. Incluso industrias tradicionales como la de vehículos han sufrido disrupción cuando cambiaron el aislamiento de Detroit por el ecosistema innovador del Silicon Valley. Airbnb hoy se cita como un ejemplo de disrupción de la industria hotelera. Sin embargo, este modelo de negocio se remonta hasta 1700s, cuando viajeros y pioneros, se hospedaban en posadas familiares en las que se tenía derecho al desayuno. Este modelo se popularizó con el nombre B&B o Bed and Breakfast. Este modelo antiguo combinado con las tecnologías de información actuales es lo que ha dado origen a Airbnb.
  • Buscar mercados ilíquidos: Airbnb, Uber, Spotify, Coursera, fueron capaces de convertir la escasez en abundancia. Camas, vehículos, conocimiento y música que estaban subutilizadas, de repente estuvieron disponibles para millones de personas. Anteriormente, se trataba de mercados de vendedores, en los que los clientes estaban sometidos a gran cantidad de restricciones. Estas compañías volvieron líquidos activos que se encontraban atrapados. Liquidez en este contexto no solo tiene un sentido financiero, sino también relacionado con traer movimiento donde hay obstrucción. Algunos mercados “ilíquidos” que pueden sufrir esto en el futuro incluyen el financiero, la salud, la energía, la consultoría, etc.

Todo ha cambiado, nada ha cambiado

Desde la piedra de Olduvai que se utilizaba hace 2 millones de años para cortar, hasta la inteligencia artificial, la historia del ser humano es una historia de crear cosas, de mejorarlas, de hacerlas más bonitas, de explorar territorios. Sin embargo, la mente de las personas no ha cambiado mucho en los últimos 10 mil años. Esta es una gran paradoja, ver como una mente que ha evolucionado tan poco ha sido capaz de modificar tanto el contexto. Tal vez parte de la respuesta esté relacionada en la forma como cognitivamente decidimos abordar el futuro, o sea el estado mental o mindset: exceso de información, paranoia, entusiasmo, imitación, aversión al riesgo, etc.

Seguramente las personas que logran adaptarse al entorno o incluso crearlo, no invierten tanta atención en teorizar sobre el futuro, ni se obsesionan con el futuro per se. Seguramente pasan mucho tiempo observando a lo que la gente le da importancia, visitando ferias y lugares inspiradores, detectando cambios exponenciales en la naturaleza y en la sociedad, combinando saberes, y removiendo obstáculos en las personas. Sobre todo, seguramente son buenas reconociendo lo que el economista John Maynard Keynes dijo: “la dificultad no se encuentra tanto en desarrollar nuevas ideas, como en escapar de las antiguas”.

 

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