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La importancia de lograr una “sostenimovilidad” en Colombia

/Bancolombia/Categoria Capital Inteligente/Tendencias17-01-2017

Por Santiago Mondragón Arismendi
Gerencia de Transporte y Maquinaria de Construcción / Grupo Bancolombia

La importancia de lograr una “sostenimovilidad” en Colombia

El fenómeno de urbanización que se vive a nivel mundial, entendido como la concentración de la población y sus actividades económicas en los grandes centros urbanos, exige el desarrollo de sistemas de transporte complejos y adaptados a las necesidades sociales, que incluyen entre otras cosas, garantizar los desplazamientos de forma económicamente eficiente y segura, pero además, sometidos a una racionalidad ambiental que asegure la sostenibilidad en el largo plazo.

La relación entre transporte y medio ambiente se ha convertido en uno de los centros neurálgicos de la sostenibilidad global, considerando que las condiciones económicas y socioambientales actuales exigen movilizar personas y mercancías haciendo uso de menos recursos y con el menor impacto posible contra el medio ambiente.

Es por esto que se hace necesario contar con estrategias, planes de acción y normativas exigentes y coherentes con la responsabilidad de la movilidad y el transporte, en escenarios de futuro sostenibles.

La construcción de un modelo de movilidad sostenible exige procesos planificados y participativos sobre un sector de transporte moderno y flexible, pero también es necesario adoptar un enfoque integrador con otros sectores como el energético, y considerar las diferentes pautas urbanas e interurbanas, las dinámicas sociodemográficas y los procesos urbanísticos y territoriales que tienen efectos sobre la movilidad, planteando así soluciones integrales y coherentes, aun asumiendo la complejidad que todo ello supone.

Las principales ciudades de Colombia, y en mayor medida Medellín, están trabajando en iniciativas que buscan incentivar el uso de tecnologías limpias, como los vehículos eléctricos o a gas. Sin embargo, se enfrentan a fuertes barreras como los mayores precios de la tecnología que se agudizan con la carga impositiva en la importación.

Paradójicamente, el Gobierno establece cupos limitados para el ingreso anual de unidades eléctricas con beneficios tributarios, cuando estos beneficios deberían ser ofrecidos a la cantidad total de vehículos que se puedan comercializar con el fin de incentivar su masificación.

Países como Noruega son ejemplo en el desarrollo de transporte sostenible, y esto se debe no solo a un mayor poder adquisitivo de la comunidad, sino al compromiso de su gobierno para otorgar incentivos que facilitan la adquisición y la operación de este tipo de vehículo. Entre otras cosas, se encuentran exentos de IVA, impuesto al consumo, impuestos de rodamiento, peajes, cuentan con parquímetros especiales y puntos de recarga gratuita, así como el apoyo a las empresas que implementan puntos de carga en sus instalaciones.

Es por esto que el resultado presentado en este país demuestra que durante el 2015 el 23% de las nuevas matrículas equivalgan a vehículos amigables con el medio ambiente y durante el 2016, en algunos meses, se han alcanzado incluso cifras cercanas al 60%, mientras que en Colombia el promedio mensual de eléctricos no sobrepasa las 16 unidades. En Holanda, por su parte, se han trazado como meta prohibir la venta de vehículos de combustión fósil a 2025.

¿Cuáles son los desafíos?

Los principales retos para alcanzar el desarrollo sostenible del transporte se encuentran en mejorar el valor de compra de los vehículos con tecnologías limpias, aumentar su autonomía, realizar instalaciones de redes, acometidas y demás adecuaciones que consoliden la infraestructura eléctrica necesaria para asegurar el suministro fácil y eficiente a los vehículos, contar con personal capacitado para realizar las reparaciones y buscar beneficios a nivel normativo y tributario que incentiven el uso de esta tecnología.

Algunos análisis y estudios realizados, permiten inferir que gran parte de estos retos podrían ser más fáciles de sobrepasar cuando se habla de vehículos de trabajo, como buses o camiones, considerando que normalmente hacen recorridos importantes en los que los ahorros por combustible y mantenimiento son significativos, tienen mayores autonomías, operan en rutas diarias preestablecidas y pernoctan en las mismas instalaciones, en las cuales sería viable instalar cargadores.

Marcas como BYD, Volvo y Proterra, son reconocidas por producir este tipo de vehículos con buenos indicadores de autonomía, en diferentes configuraciones entre eléctricos, híbridos y gas natural, todas ellas aprobadas como alternativas para reducir los niveles de emisiones contaminantes de una de las principales fuentes que impactan negativamente la calidad del aire y los niveles de ruido.

Teniendo en cuenta esto, es posible evidenciar que en Colombia no contamos aún con los incentivos suficientes para masificar las tecnologías limpias, lo cual se refleja en los registros que indican que solo han ingresado al parque automotor colombiano 350 unidades de vehículos eléctricos, cifra considerablemente baja para un mercado de 280.000 unidades/año.

Para cambiar esa tendencia es necesario que se generen iniciativas en las que se combinen esfuerzos de todas las partes, que directa o indirectamente, afectan los costos y el desarrollo del transporte sostenible: fabricantes y distribuidores de vehículos, aseguradoras, distribuidoras de energía, sector financiero, Gobierno y grandes usuarios, con el fin de construir soluciones que viabilicen desde el punto de vista económico, logístico y operativo algo que en términos de sostenibilidad es una evidente y creciente necesidad: el uso de las tecnologías limpias.

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