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The New York Times

El fundador de Whole Foods afirma: ‘Todo el mundo está engordando’

/Bancolombia/Categoria Capital Inteligente/The New York Times Company12-11-2020

Por David Gelles

Capitalismo consciente por Whole Foods
La mayor parte de la década pasada, el fundador de Whole Foods, John Mackey, libertario y entusiasta de los alimentos saludables, ha pregonado el poder redentor de lo que denomina el “capitalismo consciente”. En sus palabras, cuando las empresas descubren su verdadero propósito y dejan de servir tan solo a los inversionistas para ocuparse de todos los sectores interesados, todos ganan.

Esa perspectiva tan abierta no ha librado a Mackey de las bruscas realidades del capitalismo en el siglo XXI. Hace tres años, el fondo de cobertura activista Jana Partners adquirió una participación en Whole Foods e instó a Mackey a realizar cambios generalizados para que la lujosa tienda de abarrotes fuera más redituable, o bien considerara venderla.

Mackey no se anduvo con rodeos cuando se le preguntó qué pensaba de Jana (“Son unos desgraciados avaros”, dijo). Con todo, el fondo de cobertura se salió con la suya. Se concretó la venta de Whole Foods a Amazon por 13.400 millones de dólares, Jana obtuvo una ganancia nada despreciable de 300 millones de dólares y Mackey terminó trabajando para el director ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, quien no es precisamente el mejor ejemplo de capitalismo consciente.

Mackey, quien acaba de publicar un libro titulado “Conscious Leadership” (Liderazgo consciente) argumenta que Whole Foods no ha perdido su alma ahora que le pertenece a Amazon. Es cierto que la empresa tiene más conocimientos de tecnología y utiliza más datos en su funcionamiento, pero no ha dejado de ser Whole Foods.

De cualquier forma, debido a que se le asocia con un fundador moralista y cuenta con los recursos de una de las empresas más valiosas del mundo, Whole Foods está incesantemente bajo el microscopio. La empresa ha recibido duras críticas por su manera de tratar a los trabajadores durante la pandemia, aunque Mackey afirma que esas críticas son injustas. También es difícil conciliar las posturas de Mackey con respecto a temas como el salario mínimo federal (no lo apoya) con su visión más suave y condescendiente del comercio.

Esta entrevista se resumió y editó con fines de claridad.

P: ¿Cómo crees que los negocios deberían ayudar a lidiar con algunos de los grandes retos que enfrentamos en este momento, como el desempleo, la desigualdad de ingresos, los servicios de salud y las divisiones políticas?

  • R: Whole Foods no puede resolver todos los problemas del país ni del mundo. No podemos abordar todos estos problemas. Lo que sí podemos hacer es hacer lo que hacemos. Podemos venderles alimentos saludables a las personas. Cien mil personas trabajan con la empresa. Así que hemos sido un buen patrón. Hemos intentado mantenerlos seguros durante la época de la COVID.

 

P: No fue mi intención retar a Whole Foods a que resolviera todos los problemas del mundo. Sin embargo, parte de la idea detrás del “capitalismo consciente” parece ser que cuando las empresas colaboran entre sí pueden hacer una mella colectiva en estos temas inextricables.

  • R: Debemos reconocer no solo lo que pueden hacer las empresas, sino aquello que no pueden hacer. Cualquier problema de la sociedad en el que una empresa pueda trabajar y generar dinero, le corresponde al sector privado. Las empresas podrían hacer mucho más en algunas áreas, si se les permitiera, como en la educación y los servicios de salud. Ambos son negocios con una gran cantidad de regulación. Así que, en cierto sentido, encontramos mucho más capitalismo prebendario en las industrias muy reguladas.

    El gobierno debe cumplir con su parte. En este momento, eso es un reto porque Estados Unidos sufre una enorme división política. En este momento quizás esté más dividido que en cualquier otra época desde la Guerra de Secesión.

    Estados Unidos se fundó con base en los principios de la libertad y la igualdad. No se planteó elegir entre alguna de ellas, sino defender ambas. Necesitamos más libertad. Necesitamos más igualdad. Necesitamos justicia y también necesitamos libertad. Todas estas ideas son importantes y todas deben afirmarse, pero al parecer ahora estamos peleando mucho.

 

P: ¿Qué piensas del presidente Trump, que ha tomado medidas para reducir las normas que deben respetar las empresas y reducir los impuestos corporativos, pero también favorece las divisiones?

  • R: No voy a hablar de eso. No me corresponde evaluar la conciencia de las personas ni juzgarlas. Si algo he aprendido con el paso de los años es que estamos tan divididos en el tema de la política que, sin importar qué diga, voy a molestar al 50 por ciento de la población. Así que evito hablar de mi ideología política. Por supuesto, tampoco voy a opinar acerca del presidente Trump.

 

Solo digo que las empresas son buenas para innovar, para probar cosas nuevas. Son buenas para la disrupción. Pero solo se puede dar la disrupción en áreas que no están muy reguladas.

 

P: ¿Cómo ha cambiado Amazon a Whole Foods en los últimos años?

  • R: Amazon ha respetado muchísimo la cultura de Whole Foods. Nos han dejado ser nosotros mismos. Al mismo tiempo, hay algunas cosas que Amazon hace mejor que Whole Foods. Una de las razones por las que nos interesaba esta fusión es que vimos en Amazon a un líder tecnológico, y Whole Foods era solo una seguidora. Desde que estalló la pandemia, nuestras ventas en línea se han triplicado. ¿Habríamos podido hacer eso antes de Amazon? De ninguna manera. Desde el primer día de la fusión con Amazon, existió un fuerte impulso para realizar los cambios que necesitábamos para ser más efectivos en las funciones en línea.

    Algo más que Amazon ha cambiado es que nuestra cultura en Whole Foods tendía a ser intuitiva, más dictada por los instintos. Amazon es en realidad una empresa que se gestiona mediante datos. Así que, si no tienes buenos datos y buenos argumentos, no hay nada de qué hablar. Ese ha sido un cambio positivo para nuestra empresa porque ahora tomamos más decisiones con base en datos que antes y, por lo tanto, me parece que tomamos mejores decisiones.

 

P: Alguna vez mencionaste que te oponías al establecimiento de un salario mínimo federal, pero hiciste esos comentarios cuando el mercado laboral estaba más firme. ¿Tu postura ha cambiado ahora que las cifras de desempleo son tan altas?

  • R: Debemos hacer una distinción entre lo que hace una empresa privada y lo que hace toda la sociedad. Amazon tomó la decisión, con la que concordó Whole Foods, de que solo debíamos pagar mejor. Así que solo se tomó de las utilidades, solo aumentamos los sueldos y ganamos menos dinero. Cuando Amazon nos pidió hacerlo, dijimos que estaba bien, e hicimos los cálculos. Era un número muy elevado porque teníamos que subirles el sueldo a todos. A Amazon le pareció bien. Por lo tanto, ese año generamos menos utilidades para Amazon de las que habríamos podido obtener. Por supuesto, la moral dentro de la empresa se disparó al cielo.

    Pero debemos hacer una distinción entre quienes trabajan en Nueva York o San Francisco y quienes lo hacen en Jackson, Misisipi o Shreveport, Luisiana, donde el salario promedio es mucho menor y el costo de vida es mucho menor. Así que un salario mínimo elevado, de 15 dólares, es lógico en muchas ciudades. No es lógico en otros lugares donde el salario promedio es mucho más bajo y el costo de vida promedio es mucho menor. Si forzamos artificialmente al alza el salario mínimo por encima de las tasas de mercado, tendremos un desempleo elevado, y además algunas empresas dejarán de ser competitivas porque no podrán solventar ese tipo de sueldos sin aumentar sus precios por encima de lo que los consumidores están dispuestos a pagar.

 

P: Has dedicado décadas a alentar a los estadounidenses a comer mejor. ¿Cómo va ese proyecto?

  • R: Algunas personas han logrado avances en la dirección adecuada, pero la mayoría se ha movido en la dirección equivocada. Podemos observarlo porque vemos cómo comen las personas hoy en día en comparación de cómo comían hace 50 o 60 años. Según las estadísticas, definitivamente nos desplazamos en la dirección equivocada. Todo el mundo está engordando, pero lo malo es que los estadounidenses están en el sector que lleva la delantera. Por cierto, no solo estamos engordando, sino que también nos estamos enfermando más. Lo que quiero decir es que existe una correlación muy alta entre la obesidad y las muertes por COVID. Y uno de los motivos por los que Estados Unidos ha tenido más problemas con la COVID es sencillamente que hay más comorbilidades como la diabetes, las cardiopatías y la hipertensión en este país.

 

P: Para quienes no tienen acceso a una tienda de Whole Foods o no pueden costear una compra en Whole Foods, ¿en qué crees que otras empresas o el gobierno podrían intervenir para ofrecer mejores opciones, más saludables?

  • R: En cierto sentido, todos somos adictos a la comida. Nos encantan los alimentos untuosos y dulces. Nos encanta el helado. Nos encantan las palomitas de maíz. Nos encantan las papas fritas. Y el mercado le está dando a la gente lo que quiere. No creo que haya un problema de acceso. Me parece que el problema es la demanda del mercado. Las personas deben elegir alimentos con más inteligencia. Si la gente quiere alimentos distintos, el mercado se los proporcionará.

    Whole Foods ha abierto tiendas en zonas de bajos ingresos. Hemos abierto tiendas en áreas pobres. Así que observamos las elecciones. No se trata tanto de falta de acceso, sino de que los consumidores toman malas decisiones, sobre todo por ignorancia. Es como ser alcohólico. Sencillamente, las personas no están conscientes del hecho de que tienen adicción a ciertos alimentos y necesitan hacer algo al respecto.

    También es cierto que las grandes empresas de comida, la industria de la comida rápida, de los alimentos procesados, intervienen mucho. Quieren que las personas sigan consumiendo más alimentos de alto contenido calórico.

    No hemos logrado enseñarles a las personas qué alimentos son saludables. Tiendo a pensar que todo depende de la educación y de que las personas sean cada vez más conscientes de que deben comer alimentos más sanos, y entonces el mercado responderá a ese cambio.

P: ¿Te parece que elementos como la declaración del grupo industrial Business Roundtable forman parte del “capitalismo consciente”?

  • R: Nuestra sociedad está experimentando un movimiento más amplio hacia la idea de que las empresas no se limiten a maximizar sus utilidades, sino que tengan un propósito más encomiable y tomen en cuenta a otras partes interesadas. Dicho eso, creo que existe un malentendido fundamental. No se trata de un marco en el que alguien gana y otro pierde. Tener un propósito no quiere decir que no vayas a generar utilidades. Se trata de aspectos bastante compatibles. De hecho, tener un propósito más noble puede impulsar tus utilidades y adoptar una filosofía que considere a las partes interesadas no implica que los inversionistas deban ganar menos dinero. Significa que la empresa crea estrategias para ofrecerles mejores precios y mejor calidad a los clientes, sueldos más altos y mejores prestaciones a los empleados, mejores contratos a los proveedores y mayores utilidades a los inversionistas.

    Las utilidades no son malas. Las utilidades son buenas. Las utilidades nos permiten financiar avances en la sociedad. Así que quitar las utilidades para redistribuirlas es un esquema en el que hay ganadores y perdedores, no hay nada equitativo.

 

c.2020 Harvard Business School Publishing Corp. Distribuido por The New York Times Licensing Group

 

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