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Fake Food 1.0

/Bancolombia/Categoria Capital Inteligente/Actualidad economica y sectorial12-07-2017

Por Juan Pablo Tobón Jaramillo
Analista Estrategia Sector Agroindustria

Fake Food 1.0

Les propongo un ejercicio: pregunten a 10 personas sobre cuál es el producto con el cual relacionan a Silicon Valley; las respuestas muy seguramente girarán en torno a celulares, tablets, drones o robots, pero… ¿alguien le respondió comida? Me atrevería a decir que no, de hecho, no tendrían por qué hacerlo.

Hemos conocido a Silicon Valley por ser hogar de algunas de las empresas de tecnología más valiosas del mundo, no solo por el tamaño de su capitalización bursátil, sino por las implicaciones que han tenido en la transformación de nuestras vidas; compañías como Apple o Google son tan solo algunos ejemplos de esto. Así mismo, esta prominente zona de la bahía de San Francisco se ha caracterizado por ser una de las áreas más fértiles del planeta en lo que concierne al nacimiento de nuevas ideas de negocio. De acuerdo a la revista Science, entre el año 2001 y 2011 el número de startups adquiridas allí superó en 10 veces las cifras del resto del país en su conjunto.

Lo interesante de todo esto es que desde hace un par de años se viene experimentando una proliferación de compañías que se han fijado un objetivo en común: transformar el sistema alimentario de la misma forma en que Apple cambió la forma en que usamos los teléfonos o en que Google cambió la forma de buscar información. A esto se le conoce con el nombre de Fake Food.

Una demanda para la cual no tendremos oferta

Estimaciones del Banco Mundial señalan que la población mundial superará la cifra de los 9 mil millones de habitantes para el año 2050, lo cual representa un aumento cercano del 30%. Esta explosión demográfica, acompañada de un crecimiento paulatino en el ingreso per cápita de las personas (especialmente de países como China e India), duplicará la demanda de proteína a nivel mundial.

La buena noticia para la industria de alimentos es que tendrán 3 mil millones de bocas adicionales para alimentar; la mala, sin embargo, es que bajo el modelo actual de producción no existe forma de producir proteína de fuente animal para esta cantidad de personas, al menos no de una manera en que no se ponga en amenaza nuestra supervivencia como especie.

Global demand for meat

En efecto, la FAO calcula que producir un kilogramo de res demanda cerca de 150 metros cuadrados de tierra y cerca de 15 mil litros de agua, al tiempo que genera 27 kilogramos de CO2, lo cual es equivalente a manejar un carro cerca de 160 kilómetros. Si bien la producción de pollo sale mejor librada de este balance ambiental, las cifras no dejan de ser inquietantes: se requieren cerca de 4.000 litros de agua para producir un kilogramo de pollo. Indiscutiblemente tarde que temprano alguien tendrá que romper esta dinámica.

¿Qué sucede cuando juntas un químico, un emprendedor y un fondo de capital de riesgo?

En el año 2014, durante una conferencia llevada a cabo por el fondo de capital Khosla Ventures, el exprimer ministro de Londres, Tony Blair, y el fundador de Microsoft, Bill Gates, fueron invitados a tener un “blind tasting” sobre dos tipos de muffin. Al terminar la degustación se les preguntó si habían notado alguna diferencia entre ambos productos, puesto que para una de las recetas no se habían usados huevos “convencionales”. Un par de semanas más tarde, Bill Gates se había convertido en socio de la compañía Hampton Creek Food (creadora del producto Beyond eggs), startup que logró hornear un muffin a base de un huevo “no convencional”. La respuesta a la pregunta anterior se da por sentada.

Hampton Creek Food es una compañía con sede en San Francisco (California) que produce sustitutos de proteína animal a partir de fuentes vegetales. En primera instancia la compañía se ha enfocado en suplir la demanda de insumos para la industria manufacturera de alimentos en Estados Unidos, la cual se calcula utiliza cerca de un tercio del total de los huevos producidos en dicho país. Su objetivo: reemplazar todos los huevos producidos en granjas del país, más de ochenta billones de unidades tasadas en 213 billones de dólares. Si bien es poco probable que logren llevar a la bancarrota a la industria avícola norteamericana, a la fecha ya le están generando un fuerte dolor de cabeza.

En efecto, en el año 2015, durante el World Economic Forum, Hampton Creek Food fue una de las 46 compañías que fueron identificadas como una de las mayores pioneras en tecnología del mundo, un apelativo para nada despreciable. A hoy, sus productos se sirven en cerca de 2.300 escuelas públicas, cerca de 400 universidades y en el Senado de los Estados Unidos.

Lo cierto del caso es que Hampton Creed Food no es la única compañía enfocada en el negocio del Fake Food en Silicon Valley; Beyond Meat (imitación de carne en contenido proteico, sabor y textura a partir de fuentes vegetales), Space Nutrient Maker (quien desarrolla soluciones líquidas que reemplazan comidas) y Soylent (quien pretende reemplazar comidas con barras multinutrientes), entre muchas otras, son tan solo algunos ejemplos de las promisorias startups que han ido floreciendo durante los últimos años y que, al igual que Hampton Creed Food, comparten dos características en común: han atraído millones de dólares en inversiones y tienen entre ceja y ceja la idea de transformar la industria de alimentos en el mundo a partir del concepto de sostenibilidad.

Un debate mundial fuera de foco

Durante la campaña a la presidencia de Estados Unidos del año 1992, el equipo de estrategia de Bill Clinton (quien luego ganaría las elecciones) diseñó un eslogan que rápidamente se popularizó alrededor del mundo y que hoy en día es de uso cotidiano: la frase “it´s the economy, stupid”, tenía (y hoy tiene) por objetivo centrar el debate en las cuestiones realmente consideradas como esenciales o explicativas del problema.

Haciendo algunas modificaciones de forma y glamour, creemos que para el actual debate mundial sobre la producción de alimentos podríamos usar la frase “it´s the sustainability, not the vegan purpose, dear” (nos ahorraremos el stupid).

En efecto, considerar que la industria del Fake Food es básicamente una solución para un nicho de mercado vegano reducido, es no tener la suficiente claridad sobre las transformaciones que la sociedad está demandando en su conjunto para este tipo de negocios. Adicional a los desafíos de escasez de recursos ya abordados, la industria de alimentos del futuro deberá sortear -a partir de procesos de innovación- los cambios en los patrones de consumo que ya comienzan a ser evidentes el mundo.

Mintel, agencia de inteligencia de mercados, argumenta que hoy en día cerca del 28% de los americanos están tratando de consumir menos carne y no precisamente porque estén en búsqueda de una dieta vegana; de hecho, estos consumidores siguen en su gran mayoría recomendaciones médicas dirigidas a reducir los niveles de colesterol, grupo que ha encontrado en el Fake Food una solución idónea a sus problemas. Piense tan solo en esto: una tradicional barbacoa que no le significará unos kilos de más o un riesgo cardiovascular. ¿Suena interesante, no?

Hablar de sostenibilidad en la industria de alimentos es hablar de tres principios básicos: responsabilidad ambiental, razonabilidad económica y contribución a la salud, tres características que emulan bastante bien la naciente industria del Fake Food en Silicon Valley.

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