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Tensiones e incertidumbres de una economía globalizada

/Bancolombia/Categoria Capital Inteligente/Actualidad economica y sectorial19-02-2019

Por Fernando Fernández
Profesor de Economía
IE Business School


  • Fernando Fernández, Economista Principal del Fondo Monetario Internacional, nos da un panorama global de los retos geopolíticos, financieros y comerciales que se dan en la actualidad.

  • En el capítulo 1 de nuestro Especial le presentamos un análisis para entender el entorno económico actual, sus nuevas dinámicas y facilitar la toma de decisiones.

Fernando Fernández

Los países desarrollados empiezan a pensar que la globalización está muriendo de éxito debido al nuevo escenario que se ha generado en términos de producción, empleos, salarios y auge de los países emergentes asiáticos. Ha estallado una batalla comercial y la tensión geopolítica mundial se puede cortar con un cuchillo. Esperando soluciones políticas aún inexistentes, el principal argumento para suavizar todos los retos es el crecimiento económico.

La última crisis económica mundial ha sido objeto de análisis de gran parte de los economistas a escala internacional, ignorando en muchas ocasiones el nuevo entorno que estaban dibujando la globalización y la revolución digital. Mientras se estudiaban fenómenos como el derrumbe del sistema financiero, la globalización y la digitalización avanzaban a marchas agigantadas hasta convertirse actualmente en una realidad cotidiana sin que apenas nadie se haya dado cuenta y jugando probablemente un papel mayor en la reciente crisis o por lo menos en la lenta y desigual recuperación.

Toda esta revolución económica pone en relieve unas mejores perspectivas económicas, según el propio Fondo Monetario Internacional. No obstante, tanto la globalización como la digitalización han cambiado por completo el panorama económico y social. Y es que, actualmente, cerca del 80 % del crecimiento del PIB mundial se ubica en Asia. Esto significa que tanto Europa como Latinoamérica han perdido cuota de nueva producción y demanda de nuevos bienes y servicios. Las economías de los países más favorables a la globalización (China, la India, Indonesia, Filipinas, Malasia, Tailandia, Vietnam...) han alcanzado velocidad de crucero y explican ya hoy gran parte del crecimiento futuro, no solo de la producción, sino también del consumo.

Globalización versus proteccionismo

Los cambios que se han producido están generando, entre otras cosas, un profundo debate sobre las reglas del comercio mundial. Sin embargo, bajo esa gran discusión, la globalización sigue su curso en sectores clave como los de las finanzas y la gestión de la información. El flujo de datos ha experimentado un crecimiento exponencial en todo el mundo en los últimos quince años. Con ello, se abren las posibilidades de desarrollar una actividad empresarial a nuevos actores que ahora tienen acceso a la información, a la tecnología y a los mercados, lo que impacta en costes y precios. Así, no solo bienes, sino también servicios, de edición, financieros o de diseño, que se venden en países occidentales son, por ejemplo, made in China, la India o Malasia. El poder del conocimiento queda, por tanto, totalmente diversificado, democratizado a escala global.

Esa masiva presencia de actores asiáticos, algunos latinoamericanos y, de manera aún incipiente, africanos en la producción y empleo y en el consumo ha cambiado la percepción de la globalización en la otra parte del mundo, que hasta ahora se había beneficiado de ella. De hecho, ha pasado a ser impopular y a generar luchas por la distribución y una nueva era proteccionista. El riesgo geopolítico se ha acentuado en gran parte del mundo.

Retos sociales

Los cambios también se dejan notar en la esfera social. Durante los últimos años se contabilizan alrededor de 244 millones de personas que viven fuera de sus países o 44 millones de trabajadores transfronterizos que operan online, un hecho que se une a la feminización del mercado laboral. Por otro lado, el envejecimiento de la población, un avance humano incuestionable, genera nuevos dilemas y retos que tienen que ver con la salud, las pensiones o el empleo. Solo el crecimiento económico podrá despejar estas incógnitas. De hecho, el debate sobre el crecimiento debe estar muy por encima de la propia globalización o la política. Sin crecimiento económico, todos esos retos sociales se hacen explosivos, inmanejables.

La política económica alimenta la incertidumbre

Precisamente en el ámbito político es donde se generan las otras grandes incertidumbres del nuevo entorno. Como resultado de intervenciones masivas para contener la crisis financiera, intervenciones acertadas y justificadas entonces, los bancos centrales de los principales países desarrollados han aumentado su balance enormemente, teniendo aproximadamente en sus balances el 40 % de los bonos soberanos del mundo. De esta manera, dichos agentes han pasado a ocupar un papel protagonista en los mercados financieros y en las decisiones de inversión globales, afectando decisivamente a las primas de riesgo y a los movimientos de capital a escala mundial. En Europa, por ejemplo, el Banco Central Europeo tiene el 40 % de los bonos de los países de la eurozona, lo que quiere decir que las cuentas públicas de las principales economías del Viejo Continente dependen significativamente de las decisiones que tomen las autoridades monetarias, como estamos viendo estos días en Italia.

Alto nivel de endeudamiento

Con ese caldo de cultivo, en este período de digitalización y con la cuota de protagonismo de los bancos centrales, el problema fundamental reside en el alto nivel de deuda que tienen los países desarrollados en general, que supera el 300 % del PIB mundial, niveles solo vistos tras situaciones bélicas. La deuda pública se sitúa muy por encima de la deuda privada. Al contrario de lo que sucedía con la llegada de las tecnologías digitales, ahora los economistas sí han sabido ver esta realidad como una consecuencia lógica de tener los tipos de interés a cero. Muchos agentes y estados han vivido en los últimos años con unos préstamos baratos y, ahora, la principal preocupación que convive con la realidad económica es la normalización de las políticas monetarias y lo que ocurrirá cuando los bancos centrales en el mundo, amén de la Reserva Federal americana, empiecen a subir los tipos. ¿Los ejemplos de Argentina, Sudáfrica o Turquía serán casos aislados o bien escenifican ya la crónica de un contagio anunciado?

Donald Trump, a lo suyo

Otra de las incertidumbres tiene un conocido nombre y apellido: Donald Trump. El presidente de Estados Unidos ha conseguido con su discurso y medidas que la primera economía del mundo siga creciendo y, con ello, el empleo y los salarios. Además, lidera una batalla comercial cuyo fin no parece que sea precisamente cercano. Con este análisis es muy probable que la Administración Trump siga ocupando la Casa Blanca la próxima legislatura. Desde el punto de vista de la competitividad de la economía mundial, el liderazgo ejercido por Trump crea serios problemas y será otro elemento de tensión más para el nuevo paradigma económico global. Con esta presidencia americana han caído dos pilares del llamado orden económico liberal mundial: la creencia en un comercio crecientemente libre como soporte de crecimiento y desarrollo social y el multilateralismo como procedimiento de resolución de conflictos económicos y comerciales.

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